La dinámica que suele darse en situaciones de acoso es la siguiente:
- El acosador se fija en su víctima por algún motivo que la haga diferente del grupo y que le genera odio, celos o cualquier otro sentimiento negativo. Elegirá una víctima que no pueda defenderse con facilidad, porque no sepa o no quiera.
- Pone en marcha los primeros intentos de acoso. La situación puede comenzar con algo sin importancia como una broma, una discusión, etc. En esos momentos el acosador mide sus fuerzas con la víctima y observa cómo responde al acoso.
- Si la víctima es capaz de plantar cara al acosador el acosador probablemente no persistirá. Pero si la víctima no es capaz de frenar la situación, el acosador continuará creciéndose cada vez más. Por ejemplo, el uso de motes “ocurrentes” sirve para confundir al resto del grupo que se ríe y no entiende la importancia real que puede tener el mote. Una vez el acosador cuenta con esos apoyos introducirá estrategias de acoso más atrevidas que el grupo tolerará.
Los espectadores pueden no hacer nada por miedo a convertirse en víctimas, por falta de empatía o, a veces, porque ellos mismos son acosadores reprimidos que no se atreverían solos a acosar.





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